¿Cómo se forman a futbolistas de élite?

¿Cómo se forman a futbolistas de élite?

El futbol moderno apenas tiene que ver ya con el futbol de antaño. De las cervezas tras el partido y las barrigas sinuosas de los jugadores, los atletas del futbol de élite actual son musculosas e imbatibles máquinas a régimen. Y es que el futbol, más aún a lo largo del tiempo, tiene tanto de vertiginoso en su deleite, como de duro incluso en el entrenamiento de los jóvenes futbolistas.

 

Exigencia y profesionalización

El mundo del futbol es uno de los deportes que más ha cambiado a lo largo del tiempo. La gran competitividad, y el continuo descubrimiento de superestrellas del balón, exige de los futbolistas una perfección atlética y una determinación increíblemente duras. Incluso los torneos de fútbol base,donde los futbolistas no han llegado aún a la edad adulta, manifiestan esta autoexigencia y voluntad de perfeccionarse a uno mismo. Porque para llegar a lo más alto hay que dedicarse en cuerpo y alma y, por ello, se trabaja desde muy pronto con los jóvenes aspirantes a la élite del futbol.

Sin desdeñar las circunstancias de su pasado, el futbol moderno está sujeto a una vasta profesionalización de cada una de sus áreas. Desde los entrenamientos de tecnificación, hasta la competición, donde se celebran diferentes torneos de fútbol para las categorías base con el fin de que los jóvenes se acostumbren a competir. Del mismo modo, basta con comparar la apariencia física de un futbolista contemporáneo con alguno de sus predecesores para comprender cuán exigente es la causa. De los futbolistas físicamente corrientes, el futbol ha pasado a los cuerpos musculados y regidos por una buena dieta y un buen descanso. Aunque ello, a grandes rasgos, tan sólo sea una pincelada en su superficie.

De la dieta en el marco metabólico a la tecnificación

Del mismo modo que sucede en otras disciplinas deportivas como la gimnasia, donde las acrobacias de antaño se quedan sobrecogedoramente cortas ante la explosión de movimiento de su élite actual, el futbol se ha refinado enormemente. Existe en el ser humano una necesidad de autosuperación, para consigo mismo y en relación a sus antecedentes históricos, de la que el futbol se hace eco. Los entrenamientos de hoy son mucho más intensivos, trabajando la velocidad, la resistencia, la fuerza e incluso la amplitud de movimiento a unos niveles verdaderamente exigentes. Incluso tras un partido, muchos jugadores se someten a determinados tratamientos que pasan de un ejercicio más ligero a un baño especial de agua helada.

El futbol base también inculca los valores de un ejercicio muy bien definido y exigente. Relativo a la tecnificación del juego, se trabajan distintos ámbitos como el control, la cobertura o el regate recalcando la importancia de cada parte del cuerpo en su ejecución. En el control del balón, por ejemplo, se hace hincapié en la necesidad de controlar desde el empeine, el exterior y el interior del pie e incluso la planta, hasta el muslo, la cabeza o el pecho. Un modo de convertir al futuro jugador de élite en un concienzudo sabedor de las habilidades de su cuerpo, capaz de mantener una perfecta simbiosis entre mente y músculo para que su coordinación en el campo sea impoluta.

Respecto a la importantísima dieta de un deportista de élite, lejos ha quedado una alimentación basada en los gustos de cada atleta. Las dietas que rige el futbol se distinguen por contar con alimentos muy energéticos y de gran consumo calórico. Adaptando cada régimen a las necesidades de cada futbolista, así como a su posición en el juego y, por tanto, los nutrientes que necesita según su función en el campo. Del mismo modo, tras el partido existe un protocolo alimentario para asegurar bien el descanso del jugador y su posterior rendimiento. Siendo preciso acotar la ingesta a la llamada “ventana metabólica”, que es un lapso de tiempo tras el esfuerzo físico donde el cuerpo absorbe ávidamente los nutrientes.

Máquinas perfectas

A pesar de que el futbol base pueda considerarse, para ciertos sectores, un juego de futbol básico por su relación con unas edades previas a la adultez, son muchos los jóvenes que ven en ello no un entretenimiento, sino un plan de futuro. En ese sentido, y con más ahínco todavía, es importante inculcar a dichos jóvenes las mejores fórmulas de ejercicio físico, técnica, métodos y dietas para que empiecen a trabajar mejor aún su rendimiento y calidad de juego. Ser un jugador de élite consiste en basar gran parte de la vida a una alta exigencia física. Por lo tanto, mantener el control del organismo es de vital importancia para asegurar la perfección.

Un futbolista de élite no deja de ser una máquina cuyos engranajes no deben nunca, bajo ningún pretexto, averiarse sorpresivamente. Más que perseguir y chutar un balón, se trata de un deporte cuya envergadura mental, táctica y fisiológica es tan sólo alcanzable para quienes se esfuerzan concienzudamente en esa meta. Cuanto a los más jóvenes, cabe mencionar la sabida presencia de ojeadores en muchos de sus torneos de futbol base. Por lo que resulta todavía más importante estar acorde con las exigencias de uno de estos expertos. Y ya no sólo por el bien de un futuro en el futbol de élite. Sino porque las buenas costumbres, físicas y alimentarias, son clave para la calidad de vida.

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